top of page
Buscar

¿Por Qué Elegimos Siempre el Mismo Dolor? El Extraño Consuelo de lo Conocido

  • Foto del escritor: Victor Hugo Mar  Plascencia
    Victor Hugo Mar Plascencia
  • 5 oct 2025
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 16 oct 2025



¿Alguna vez te has encontrado repitiendo una y otra vez la misma dinámica con diferentes personas? Como si llevaras contigo un guion invisible que te empuja a buscar la misma mirada de desaprobación, a sentir la misma humillación o a luchar por un amor que, una vez más, se muestra esquivo. Al principio, cada nueva relación parece diferente, pero con el tiempo, la sensación es abrumadoramente familiar: "Otra vez. Yo otra vez aquí". Y la pregunta que nos carcome es: si me hace tanto daño, ¿por qué no puedo salir de esto?

La respuesta no está en un defecto de carácter, sino en una de las fuerzas más poderosas de nuestra psique: la compulsión a la repetición. No es que busquemos el sufrimiento de manera consciente, sino que inconscientemente estamos intentando resolver una escena original que quedó pendiente. Es como si nuestro psiquismo, en su intento de curar una herida antigua, nos llevara a recrear escenarios similares, con la esperanza secreta de que esta vez el final sea diferente.

Pero hay algo más profundo, algo que la psicología llama el goce del síntoma. Es esa satisfacción paradójica y oscura que encontramos en mantener vivo nuestro malestar. ¿Por qué ocurre esto? Porque lo conocido, aunque sea doloroso, nos da una sensación de coherencia y control. Preferimos la cachetada conocida a la caricia incierta. Este "goce" no es placer, es la satisfacción de cumplir con un mandato interno que, aunque nos daña, confirma quiénes creemos que somos: "Yo soy el que siempre sufre en el amor", "yo soy el que nunca es suficiente".

El precio de vivir en esta repetición es la renuncia a nuestro propio deseo. Nos volvemos adictos a una queja que, aunque nos duele, nos define. Es un costo invisible que pagamos con nuestra energía vital, nuestra autoestima y nuestra capacidad para conectar con la alegría genuina. Nos encerramos en una dinámica del amo y el esclavo donde, aunque nos quejemos del amo (la pareja que nos maltrata, el jefe que nos desprecia), no podemos imaginar una vida fuera de esa servidumbre. Cambiamos de amo, pero no de posición.

Entonces, ¿cómo se trabaja esto en el espacio terapéutico? Mi rol es acompañarte a hacer consciente ese guion invisible. No se trata de juzgarte por repetir, sino de curiosear con compasión: "¿Qué viejo pacto de lealtad estoy cumpliendo al quedarme aquí?". Juntos, podemos empezar a masticar y digerir la crudeza de esa escena original que hoy se repite en bucle.

El proceso implica, primero, permitir el "vómito" crudo de la queja: la rabia, la tristeza, la frustración de sentirte atrapado. Luego, viene la "masticación": analizar los patrones, identificar los personajes recurrentes en tu historia y preguntarte: ¿qué estoy buscando realmente en este circuito cerrado? ¿Es reconocimiento? ¿Es castigo? Finalmente, llegamos a la "digestión", que es ligar el fenómeno con la palabra. Darle un sentido nuevo a tu historia, entenderla no como una condena, sino como una estrategia de supervivencia que una parte de ti creó para sobrevivir, pero que hoy ya no te sirve.

Este camino no es sobre dejar de tropezar, sino sobre aprender a mirar la piedra y preguntarte qué tiene que enseñarte sobre ti. Lo que no se habla, no se puede callar, y se repetirá una y otra vez hasta que le prestemos la atención amorosa que merece. Tu repetición no es tu enemiga; es un mensaje urgente de tu interior, pidiéndote a gritos que lo escuches de una manera nueva.

Y tú, ¿qué línea de ese guion invisible estás listo para reescribir hoy?

 
 
 

Comentarios


Av. Alfonso Reyes 280, Contry, Monterrey, N.L.

Vanegas 567, Mitras Centro,  Monterrey, N.L.​​

  • Facebook
bottom of page